- Venga, A, ¿No vas a venir a bañarte? - Dijo Ana.-
Alai abrió los ojos y todo lo que pudo ver era arena y mar, unas aguas cristalinas, todo era precioso; estaba tumbada en la toalla, con sus gafas de sol puestas, la pulsera de oro que llevaba en el tobillo brillaba con el Sol y todo estaba en silencio, solo se escuchaba el oleaje del mar y los grititos de sus amigas salpicandose en el agua.
Alai giró la cabeza y cuando vio a Axel tumbado en la toalla a su lado, se levantó de un salto.
- ¿Qué haces tú en mis vacaciones? - preguntó Alai sorprendida.-
- Alai, cállate y ponte el cinturón.
- ¿Qué?
- Alai, ponte el cinturón.
- ¿De qué coño me estás hablando?
Y Alai abrió los ojos, allí estaba, aún en aquel avión con destino a México, sentada al lado de su madre, que repetía por tercera vez que se pusiera el cinturón porque estaban a punto de aterrizar. Alai se puso el cinturón, pero no se podía creer que estuviera allí y no en las Islas Griegas con sus amigas como ella estaba soñando.
El aterrizaje no estuvo mal, después todo el mundo aplaudía y una de las azafatas les deseo una "Feliz estancia" en México, esa azafata no sabía lo que decía.
Alquilaron un coche que les llevara a todos hasta la casa de Paolo, allí pasaba él todos los veranos con sus hijos, desde que se había separado, hace ya 7 años.
Paolo había dicho que la casa estaba en la playa, en un lugar llamado "Manzanillo" y cuando llegaron allí, Alai se quedó sorprendida, aquello era precioso, tan bonito como lo había descrito Saúl hacía un momento.
Era una casa enorme, de dos plantas, en la verja de entrada, en el centro de la puerta, había una B enorme.
- Paolo, ¿Cuál es tu apellido? - Dijo Alai al momento.-
- Bianchini - respondió Paolo, orgulloso de su apellido.-
Había una piscina enorme, que si la mirabas de frente, no podías distinguir dónde acababa la piscina y dónde empezaba el mar y el jardín estaba repleto de palmeras.
Al entrar en la casa, los ojos de Alai se abrieron de par en par, las paredes blancas y los techos tan altos, hacían parecer a aquel lugar, más grande de lo que por sí era.
Había sofás negros y una televisión enorme, todas las ventanas iban del techo hasta el suelo, desde el sofá podías ver como se movía el agua de la piscina por la brisa y el sol alumbrando el mar y Alai pensó que desde allí iba a poder ver muchísimos atardeceres.
La cocina era americana, y el suelo y los muebles de mármol blanco, había unas escaleras muy bonitas que llevaban al piso de arriba, que separaban el salón del comedor; la mesa y las sillas eran negras, muy bonitas, y Alai contó, 8 sillas. - Alai tenía que invitar a sus amigas a aquel lugar y que vieran aquello.-
Paolo dijo que había seis habitaciones con baño individual, y un baño común en la planta de abajo.
La planta de arriba era preciosa también, pero había más de seis puertas allí, - Alai tendría que investigar.-
Paolo les dirigió a las habitaciones disponibles, ya que Saúl y Axel ya tenían su habitación de siempre allí.
Paolo condujo a Alai hasta una habitación enorme, con una cama de matrimonio con dosel, al fondo, y las paredes también blancas; había un tocador y un armario muy grande, la pared donde estaba el cabecero de la cama era como las ventanas de la planta baja, todo cristal del techo al suelo, pero en esta habitación había unas cortinas blancas muy bonitas y suaves, y el baño que tenía era una pasada, con ducha con hidromasaje y bañera con jacuzzi.
- Gracias, Paolo, me encanta la habitación. - dijo Alai con muchísima ilusión.-
- De nada - respondió Paolo - ya verás Alai, aquí no vas a pasarlo nada mal. - la guiñó un ojo y salió de la habitación cerrando la puerta.
Alai sacó el móvil y se dispuso a mandar un mensaje.
- [Chicas, estaba equivocada, tenéis que ver esto, es increíble, me encantaría que estuvierais aquí conmigo, os quiero, putas ♥]
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